David Seamonds [1] cuenta su experiencia cuando era misionero en la India. Un joven fue a pedirle un consejo, quejándose de un sentimiento de culpa, de ansiedad, de enojo, y de menosprecio de sí mismo. Cuando le hizo las preguntas típicas acerca de su lectura de la Biblia, su tiempo de oración, y su asistencia a la iglesia, supo que el joven le ganaba lejos en el uso de los medios de crecimiento; pasaba horas y horas leyendo la Biblia, orando, y participando en las actividades de la iglesia. Pero algo no funcionaba. En ese momento, Seamonds se dio cuenta de que el joven simplemente no estaba descansando en la gracia de Dios. Estaba tratando de lograr su propia santidad con esfuerzo humano. Seamonds concluyó que era posible hacer las cosas correctas, sin estar confiando realmente en el Señor, y esto cambió su ministerio completamente. Empezó a poner todo el énfasis en la gracia de Dios.

Es muy frecuente que alguien comienza su vida cristiana confiando plenamente en Cristo para su perdón, pero pronto cae en el error de tratar de santificarse por esfuerzo propio. He escuchado comentarios como, «Jesús me salva, pero yo tengo que esforzarme para vivir una vida santa». Otros dicen, «Debo ser santo para que Dios escuche mis oraciones y para que me utilice eficazmente en el ministerio». Aunque no debemos abusar de la gracia de Dios, esto es un engaño muy peligroso, porque pone todo el énfasis en lo que la persona puede lograr, y quita la vista del Señor.

Esto es justamente lo que pasó a los Gálatas. Comenzaron bien, pero pronto llegaron los legalistas, diciendo que deberían ser circuncidados y seguir las costumbres judías. Pablo advierte que eso sería legalismo. Creo que estamos haciendo algo parecido cuando pretendemos ganar puntos con Dios o lograr nuestra propia santificación.

Gálatas 3.3

Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?

Cuando viajo por la carretera, debo observar los letreros para llegar a mi destino. Sin embargo, si me fijo solamente en los letreros, y quito la vista del camino, ¡tendré un accidente! La ley en la Biblia funciona así; es un letrero que apunta a Cristo, y no debemos poner más atención en ella que en Cristo mismo. A veces preferimos confiar en la ley, porque así sentimos que nosotros estamos en control, y que nosotros mismos estamos logrando algo. En el fondo, es orgullo.

Me gusta arreglar cosas en la casa, pero tengo un problema; cuando algo no resulta, normalmente simplemente hago un mayor esfuerzo. Por ejemplo, si un tornillo no entra, empujo más fuerte. Pero a veces el tornillo se dobla, y me aplasto un dedo. Mayor fuerza no siempre da buenos resultados. Es mejor hacerlo con cuidado.

Hay muchos deportes en que mayor fuerza no ayuda. En golf, beísbol, y fútbol, por ejemplo, es necesario pegar la pelota con precisión, y no simplemente con fuerza. La vida cristiana es así; en vez de simplemente hacer mayor esfuerzo, debemos hacerlo correctamente. Eso significa que tenemos que aprender a vivir por GRACIA. No hay pautas simples para el crecimiento espiritual, pero hay una clave principal: mantener la vista en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. 


[1] David Seamonds, El Poder Liberador de la Gracia (Deerfield, Illinois: Editorial Vida, 1990), pp. 6-11.

Last modified: Tuesday, 9 September 2014, 2:05 AM